Santiago 3:13 ― ¿Quién es sabio?

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor Iglesia Bíblica Harvest)

Santiago 3:13 ― ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Que muestre por su buena conducta sus obras en mansedumbre de sabiduría.

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COMENTARIOS:

Santiago comienza esta sección pidiendo a sus lectores que disciernen quién es sabio y entendido entre ellos. Aunque es posible que tuviera en mente a los maestros (3:1), sin duda estaba planteando la pregunta para que todos la consideraran. Lo mismo ocurre hoy en día; los que se consideraban sabios en los días de Santiago eran aquellos que eran innatamente inteligentes, educados formalmente, ricos o incluso famosos. Mientras que los griegos usaban el término “sabio” (gr. sophos) como un término para el conocimiento, la teoría, o la filosofía, los judíos lo usaban para referirse a la aplicación vigilante del conocimiento en la vida diaria. En otras palabras, la sabiduría para los judíos no solo implicaba poseer datos reales, sino que incluía la aplicación de la verdad a la vida diaria. Necios eran aquellos que actuaban de manera contraria a lo que sabían que era verdad (cf. Sal. 14:1), pues tenían conocimiento sin la aplicación de este. Por lo tanto, concluimos que hay dos tipos de sabiduría: la sabiduría del hombre y la sabiduría de Dios. Notablemente, para el Apóstol Pablo, la sabiduría más alta de la humanidad sigue siendo necedad ante Dios (1 Cor. 1:18-31).

En el Libro de Eclesiastés, el Predicador se propuso experimentar todas las cosas bajo el sol. Lo que descubrió fue que la sabiduría del hombre es vana, y no importaba cuánto se divirtiera o cuánto estudiara, no encontraba respuestas a las preguntas más básicas de la vida. Por lo tanto, concluyó que todos los placeres sensuales y físicos que el hombre busca no solo fallan en traerle felicidad, sino que fallan en mantenerlo con vida, pues morirá igual que todos los demás y todo lo demás. Alcanzar sabiduría, aunque es útil en la vida, aún no respondía a todas las preguntas sobre el “¿por qué?” de la vida. No obstante, el Predicador encontró que la sabiduría y su aplicación de temer a Dios es la meta última de la vida, pues en la sabiduría no solo reconocemos que hay un Dios —el principio de la sabiduría (Sal. 111:10)— sino que somos capaces de disfrutar la vida y los dones de la vida que Dios nos ha dado para disfrutar durante nuestro breve y fugaz tiempo en la tierra.

El deseo de Dios para Israel era sabiduría para que pudieran discernir lo que el futuro les deparaba si le desobedecían (Deut. 32:29). Dios, por lo tanto, quería que Israel amara la sabiduría y la buscara más que el oro o la plata (Prov. 3:19; 16:16). Incluso dio gran sabiduría a hombres como Salomón y Daniel (Dan. 1:17; 5:14) para mostrar sus beneficios a Su pueblo escogido. Verdaderamente, la sabiduría es excelente en su encanto (Prov. 8:1-3), en su verdad (8:4-12), en lo que ama y odia (8:13-16), y en sus beneficios para quienes la poseen (8:17-21). Después de todo, la fuente de la sabiduría es Dios (8:22ff.).

El uso que Santiago hace del término “sabiduría” concuerda con lo que Dios dice al respecto. En el AT, la frase “el temor del Señor” era paralela a “confiar en el Señor”. Aquellos que lo hicieron se enumeran en Hebreos 11 como hombres y mujeres que tenían fe salvadora. Moisés no solo le dijo a Israel que guardara los mandamientos de Dios, que anduvieran en sus caminos, y le temieran, sino también que lo amaran y le sirvieran con toda su vida (Deut. 8:6; 10:12; 14:23; 17:19; cf. Rom. 12:1-2). Por lo tanto, no es de extrañar que en el NT aquellos gentiles que confiaron en Cristo para salvación fueran llamados “temerosos de Dios” (cf. Hch. 10:22; 17:17). Después de todo, Cristo es “poder de Dios y sabiduría de Dios... el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención” (1 Cor. 1:24, 30). En Cristo “están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col. 2:3; cf. Rom. 11:33). No es de extrañar que los primeros siervos de la Iglesia, como Esteban, fueran seleccionados de acuerdo con su “buen testimonio, llenos del Espíritu y de sabiduría” (Hch. 6:3). De hecho, aquellos que discutían con Esteban “no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba” (6:10).

Concluimos que la sabiduría de la que habla Santiago en 3:13 es sinónimo de salvación. Esto se ilustra en Mateo 25:1-13 en la parábola de las diez vírgenes. Cinco vindicaron su fe, o sabiduría, por sus obras, pues estaban preparadas cuando Cristo llegó. Las otras cinco tenían conocimiento de Cristo, pero no tenían sabiduría y, por lo tanto, no estaban preparadas cuando Él llegó. Tal es el uso de la sabiduría en el contexto de Santiago. Aquellos que son verdaderamente salvos tienen la verdadera sabiduría, vindicada en las obras.

Alimento para el pensamiento

¿Quién de nosotros es sabio y entendido? Aquellos que temen al Señor Dios Todopoderoso, pues el temor del Señor es el principio de la sabiduría (Sal. 111:10). No solo temen a Dios, sino que estén “en Cristo, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios” (1 Cor. 1:30). Estos cristianos se comportan como Cristo, vindicando su fe por sus acciones (Stg. 2:14-26). Leen las Escrituras diariamente, tomándolas como alimento. No dejarían pasar un día sin leer las Escrituras, como tampoco dejarían pasar una comida. Siendo sabios y entendidos, oran, no principalmente para su propio beneficio, sino para la gloria de Dios. Ora por la Iglesia de Jesucristo, ora por sabiduría para tus líderes; ora por sabiduría cuando la vida es difícil. Finalmente, el sabio y entendido da—ellos dan financieramente de sus ganancias como una forma de adoración. Dar es un sacrificio de alabanza. Así que, no solo ores por sabiduría, ponte a trabajar siendo sabio.