Santiago 3:7-8 ― La lengua: un mal turbulento

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor Iglesia Bíblica Harvest)

Santiago 3:7-8 ― 7 Porque todo género de fieras y de aves, de reptiles y de animales marinos, se puede domar y ha sido domado por el género humano, 8 pero ningún hombre puede domar la lengua; es un mal turbulento y lleno de veneno mortal.

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COMENTARIOS:

En el libro de Proverbios, la lengua del necio parlotea (Prov. 10:8), calumnia (Prov. 10:18), miente (Prov. 12:19), y se jacta con arrogancia (Prov. 18:12). El resto de las Escrituras habla de la lengua como malvada, deshonesta, viciosa, lasciva, corrupta, lisonjera, calumniosa, chismosa, necia, quejumbrosa, maldiciente, litigiosa, y depravada. Poner bajo control esta lengua de “fuego”, alimentada por el infierno (v. 6), es difícil por decir lo menos, y este es el punto de Santiago en los vv. 7-8, evidenciado por su “porque” explicativo en el v. 7.

Al contrastar la lengua incontrolable del hombre con “todo género de fieras y de aves, de reptiles y de animales marinos”, y la capacidad del hombre para subyugarlos—para domarlos—, Santiago revela cuán poderosa es la lengua humana. Ahora bien, Santiago no está hablando de cómo el hombre ha domesticado cada especie de animal, ya sea en el mar, en la tierra, o en el aire; más bien, se refiere al relato de Génesis sobre la creación cuando Dios dio al hombre dominio sobre Su orden creado (Gén. 1:26). Al aludir a la vida animal no creada a imagen de Dios, Santiago habla de la unicidad del hombre como aquel que fue creado a imagen de Dios. Ser hecho a semejanza de Dios le da al hombre la capacidad de “domar”, de subyugar, el mundo que Dios creó originalmente. Literalmente, el v. 7 dice: “Toda especie... es domada y ha sido domada”. El primer “domada” está en tiempo presente que enfatiza una naturaleza continua del domar, pero el segundo “domada” está en tiempo perfecto, un proceso que, como dice Moo, “está arraigado en el estado de cosas creado por el mandato divino”. Así, los animales, aunque perpetuamente están siendo domados, fueron ordenados para ser domados por el Dios que los creó.

A pesar de la capacidad del hombre para domar animales grandes que tienen la habilidad de tragárselo entero o aplastarlo bajo sus pies, el hombre tiene un tiempo mucho más difícil con el músculo húmedo y escurridizo en su boca. En el texto griego, el v. 8 comienza con: “Pero la lengua...”, como para enfatizar cuán drásticamente diferente es incluso del animal más vicioso. Aunque los hombres más fuertes y rudos luchan por subyugar a un tiburón o a un cocodrilo, “ningún hombre” puede subyugar la lengua. Ahora bien, es teológicamente posible que, dado que Santiago cree que “ningún hombre” puede poner la lengua bajo control, esté sugiriendo que solo Dios puede hacerlo. Aunque es ciertamente verdad que Dios puede domar la lengua de un hombre, ¿es entonces probable que la lengua que Él doma resulte en el hombre perfecto que el v. 2 conjetura? Después de todo, un hombre bajo la influencia del Espíritu Santo es un hombre cuya lengua es domada. Su vida, mientras esté llena del Espíritu, producirá el fruto del Espíritu (Gál. 5:22-23). Si este es el caso, entonces la perfección del v. 2, en lo que se refiere al hombre regenerado común, tiene más que ver con la madurez, o la completitud, que con la perfección, pues ningún hombre puede alcanzar el nivel de perfección. Moo dice: “¿Debería esto llevarnos a abandonar todos los esfuerzos por poner nuestro hablar bajo control? Por supuesto que no. Puede que nunca lleguemos al punto donde la lengua esté perfectamente controlada; pero seguramente podemos avanzar un largo camino en el uso de nuestro hablar para glorificar a Dios. Puede que no alcancemos la perfección, pero podemos alcanzar la madurez”.

En el v. 8 la lengua es un “mal turbulento”. “Turbulento” es la misma palabra que Santiago usó para el hombre de doble ánimo en 1:8, aquel “inestable” en todos sus caminos. Dado que la palabra significa “vacilar”, Santiago está hablando de la naturaleza dual e hipocresía de la lengua, pues como dice el v. 9: “Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que han sido hechos a la imagen de Dios”.

Alimento para el pensamiento

Aunque tratamos de alejarnos de las cosas venenosas, verdaderamente nuestras lenguas están llenas de veneno mortal. “Aguzan su lengua como serpiente; veneno de víbora hay bajo sus labios” (Sal. 140:3; cf. Rom. 3:13; Sal. 5:9). Esforcémonos, pues, por hablar palabras que den vida y sanidad en lugar de muerte.