Santiago 4:2b-3 ― ¿Qué estorba nuestras oraciones?

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor Iglesia Bíblica Harvest)

Santiago 4:2b-3 ― 2 …No tenéis, porque no pedís. 3 Pedís y no recibís, porque pedís con malos propósitos, para gastarlo en vuestros placeres.

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COMENTARIOS:

La oración es siempre la solución a los problemas que enfrentan los cristianos—pedir a Dios las cosas correctas y por las razones correctas. Jesús nos exhortó claramente: “Pedid, y se os dará” (Mt. 7:7). Santiago advierte, sin embargo, que nuestras peticiones de oración, si están motivadas por deseos egoístas, serán denegadas. Nuestras oraciones deben ser por la voluntad de Dios, no la nuestra (Mt. 6:9-10), orando por las cosas en el nombre de Cristo (Jn. 15:16), es decir, cosas por las cuales Él oraría (cf. 1 Jn. 3:21-22; 5:13-14). La oración por las cosas correctas resulta no solo en los dones de Dios, sino en el disfrute de esos dones. Jesús y Sus apóstoles exhortan a todos los cristianos en todas partes a orar, pues Dios dice que responderá:

  • Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá (Mt. 7:7-8).
  • Por eso os digo: Todas las cosas por las que oráis y pedís, creed que ya las habéis recibido, y os serán concedidas (Mc. 11:24; cf. Mt. 21:22).
  • Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré (Jn. 14:13-14).
  • Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho (Jn. 15:7).
  • Amados, si nuestro corazón no nos condena, confianza tenemos delante de Dios, y todo lo que pidamos lo recibimos de Él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que es agradable delante de Él (1 Jn. 3:21-22).
  • Y esta es la confianza que tenemos delante de Él, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hemos hecho (1 Jn. 5:14-15).

 

En cuanto a por qué no todas nuestras oraciones son contestadas, Santiago culpa a motivos egoístas en 4:3. En estos casos, Dios es realmente incapaz de darnos lo que pedimos ya que nuestras peticiones son contrarias a Su voluntad. Otras razones por las cuales las oraciones no son contestadas son el pecado habitual (Sal. 66:18; cf. 1 Pe. 3:7), fe débil (Mc. 11:24; Stg. 1:6-8), o una simple falta de perseverancia (Lc. 11:5-8; 18:1-8).

Pero Dios tiene aún otros propósitos para no conceder nuestras peticiones. Pablo, por ejemplo, oró tres veces para que Dios quitara un aguijón de su carne. Sin embargo, Dios, perfeccionando Su poder a través de las debilidades de Pablo (2 Cor. 12:7, 9), le dijo a Pablo que Su gracia era suficiente. Más tarde, cuando Pablo pidió ser rescatado de los judíos en Jerusalén (Rom. 15:31), Dios permitió que fuera arrestado y golpeado (Hch. 21) para que Su voluntad fuera obrada a través del ministerio de Pablo.

¿Cómo es orar por las cosas correctas? Pablo oró por los efesios para que Dios les diera "espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Cristo, para que supieran cuál es la esperanza a que Él los ha llamado... cuáles las riquezas de la gloria de Su herencia... y cuál la extraordinaria grandeza de Su poder". Que el amor de los filipenses "abunde aún más y más en conocimiento verdadero y en todo discernimiento, a fin de que escojáis lo mejor, para que seáis puros e irreprensibles para el día de Cristo; llenos del fruto de justicia". Que los colosenses sean “llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo”. Y por los tesalonicenses, quería que “crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos, como también nosotros lo hacemos para con vosotros; a fin de que Él afirme vuestros corazones irreprensibles en santidad delante de nuestro Dios y Padre, en la venida de nuestro Señor Jesús”.

Alimento para la reflexión

Si Dios nos diera todo lo que pedimos, nuestro carácter sufriría porque oraríamos para que se quitaran todas nuestras pruebas. Seríamos entonces como niños malcriados. Debemos acercarnos a Dios a través del estudio y la oración para conocer Su voluntad y ser capaces de orar en el nombre de Cristo: orando de acuerdo con la voluntad de Dios (1 Jn. 3:21-22; 5:14), dejando a un lado la nuestra. Puesto que la voluntad de Dios es revelada en la Escritura, oremos la Escritura: “Hágase tu voluntad” (Lc. 22:42), no la nuestra.