Santiago 4:5 ― El justo celo de Dios
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Santiago 4:5 ― 5 ¿O pensáis que la
Escritura dice en vano: El celosamente anhela el Espíritu que ha
hecho morar en nosotros?
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COMENTARIOS:
Santiago 4:5 presenta dos problemas interpretativos en
la segunda mitad del versículo. Primero, la traducción de la LBLA difiere de
otras traducciones al español e inglés, lo que da fe de su dificultad. El hecho
de que "celosamente" y "anhela" pueden tener connotaciones
tanto negativas como positivas, y que el término griego pneuma puede ser
una referencia al "Espíritu" Santo o al "espíritu" humano,
revelan parte de la dificultad para interpretar el versículo. Además,
gramaticalmente, el pneuma griego (Espíritu o espíritu) puede ser el
sujeto de la frase o el objeto, y ambos son dados a la humanidad por Dios:
nuestro espíritu en nuestra concepción, y el Espíritu en nuestro nacer de nuevo
(Rom.
8:9-11; cf. Jn.
3:3).
El v. 5 nos lleva a hacer algunas preguntas sin
respuesta: ¿Es Dios quien anhela celosamente, o es nuestro espíritu humano el
que envidia pecaminosamente? (Traducciones en inglés: KJV; NIV 1984; NET — Traducciones
en español: RV Antigua). ¿Es Dios, en un sentido justo, celoso por nuestros
espíritus? (Traducciones en inglés: ESV; NIV 2011; NLT — Traducciones en español:
NTV). O, ¿anhela Dios de manera justa Su propio Espíritu Santo dentro de
nosotros? (Traducciones en inglés: NASB; LSB — Traducciones en español: LBLA; NBLA;
NVI). Notar algunas de las traducciones al español e inglés:
Español:
- RV Antigua: “El espíritu que mora en nosotros codicia para envidia”
- RV1960: “El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela
celosamente”
- NVI: “Dios ama celosamente al espíritu que hizo morar en nosotros”
- NTV: “Dios desea fervientemente que el espíritu que puso dentro de
nosotros le sea fiel”
- NBLA: “Dios celosamente anhela el Espíritu que ha hecho morar en
nosotros”
Inglés:
- NASB1995: “Él celosamente desea al Espíritu que ha hecho morar en
nosotros”
- KJV: "El espíritu que mora en nosotros anhela con
envidia"
- ESV: "[Dios] anhela celosamente el espíritu que Él ha hecho
morar en nosotros"
- NIV84: "El espíritu que [Dios] hizo vivir en nosotros envidia
intensamente"
- NIV2011: "[Dios] anhela celosamente el espíritu que Él ha
hecho morar en nosotros"
- NLT: "Dios es apasionado de que el espíritu que ha puesto
dentro de nosotros le sea fiel"
- NET: "El espíritu que Dios hizo vivir dentro de nosotros tiene
un anhelo envidioso"
Surgen al menos cuatro posibilidades para traducir
Santiago 4:5:
- El espíritu humano, dado a nosotros por Dios en la creación, en su
estado pecaminoso, "envidia" pecaminosamente.
- Dios está intensamente celoso de que le honremos con nuestros
espíritus humanos que están en guerra con Él.
- El Espíritu de Dios que mora en los cristianos está intensamente
celoso por nuestra fidelidad.
- Dios está intensamente celoso de que lo honremos a través del
Espíritu Santo que mora dentro de nosotros.
El segundo asunto interpretativo en el v. 5 es que,
aunque Santiago parece citar la Escritura del AT, no hay ninguna cita del AT
que diga de Dios: "Él celosamente anhela el Espíritu que ha hecho morar en
nosotros" (LBLA), ni ninguna de las otras traducciones propuestas. Pero
como Santiago acusa a algunos en la iglesia de ser personas "adúlteras"
en el v. 4, engañando a Dios a través de la amistad con el mundo, el celo de
Dios por los Suyos tiene sentido. Santiago, por lo tanto, tenía en vista
múltiples pasajes del AT con respecto al justo celo de Dios por Su pueblo (Éx.
20:5; 24:14;
Zac.
8:2)—un celo como el de un esposo por su esposa infiel. El profeta del AT
Oseas ilustra esto, pues se casó con Gomer, quien se volvió en adúltera,
representando el adulterio espiritual de Israel, y Oseas representando el justo
celo de Dios. Lo que era cierto para Israel, que estaba en una relación de
pacto con Dios, también es cierto para la Iglesia, porque Dios anhela
celosamente a Su pueblo que se ha extraviado.
Alimento para la reflexión
Negativamente, los celos revelan nuestra envidia hacia alguien. Deseamos lo que no poseemos. Esto es siempre un pecado. Por el contrario, un hombre cuya esposa coquetea con otro hombre tiene todo el derecho de estar celoso. Después de todo, ella le pertenece por pacto matrimonial. Por tanto, sus celos no son pecado. Así es con Dios. Aquellos que afirman amar a Cristo y han puesto su fe solo en Él para su salvación y gozo, deben esperar la severa reprensión de Dios si coqueteamos con los placeres mundanos.