1 Corintios 11:26-30 ― Los débiles en la Cena del Señor
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
1 Corintios 11:26-30 ― 26 Porque todas las veces
que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis
hasta que Él venga. 27 De manera que el que coma el pan
o beba la copa del Señor indignamente, será culpable del cuerpo y de la sangre
del Señor. 28 Por tanto, examínese cada uno a sí mismo,
y entonces coma del pan y beba de la copa. 29 Porque el
que come y bebe sin discernir correctamente el cuerpo del Señor, come y
bebe juicio para sí. 30 Por esta razón hay muchos
débiles y enfermos entre vosotros, y muchos duermen.
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COMENTARIOS:
En 1
Corintios 11:23-34, el Apóstol Pablo está abordando el abuso de la Cena del
Señor—la conmemoración de la muerte de Cristo y Su regreso futuro. Él reprende
a algunos de los corintios que venían a la Cena y consumían la mayor parte de
la comida antes de que todos llegaran para el sacramento. Estaban, por lo
tanto, participando de la Cena «indignamente» (v. 27), siendo «culpable[s] del
cuerpo y de la sangre del Señor». Porque Cristo, al llevar el castigo del
pecado de la humanidad sobre la cruz, estaba siendo objeto de burla por parte
de quienes abusaban de la Cena, aunque no intencionalmente. Aunque algunos se
reunían para honrar a Cristo, su comportamiento hacía lo contrario. Los ricos
abusaban de los pobres al comerse toda la comida y bebida, revelando que no se
habían reunido para recordar a Cristo, sino para hartarse.
Si participar de la Cena del Señor tenía como fin recordar la muerte de
Cristo y Su regreso futuro, entonces cualquier conducta ajena a eso equivale a
hacerlo de una manera «indigna» (gr. anaxiōs) o descuidada. En el contexto de
la reprensión de Pablo, el pecado específico implicaba, no solo la falta de
observar el verdadero significado del sacramento, sino el difamarlo al tratarlo
como si fuera una comida normal para calmar el hambre, en lugar de conmemorar
la muerte de Cristo y Su regreso futuro. Las partes culpables eran, por tanto,
«culpable[s] del cuerpo y de la sangre del Señor». Su «culpabilidad» consistía
en que no solo eran responsables de la muerte de Cristo, sino que se ponían
bajo la misma pena que aquellos que realmente lo crucificaron. Profanaban la
comida misma al despreciar a los pobres, ser glotones, y emborracharse. Al
hacerlo, profanaban el mensaje de la cruz de Cristo.
¿Qué les sucedía a las almas culpables, a aquellos que participaban de
la Cena de una manera indigna? Pablo enumera tres resultados: algunos estaban
«débiles» (asthenēs), algunos estaban «enfermos» (arrōstos), y otros «duermen»
(koimaō)—un eufemismo para estar «muertos». Los «débiles» se distinguen
claramente de los físicamente «enfermos». Y el resultado más horripilante de
abusar de la Cena del Señor era la muerte. Por lo tanto, está claro que Dios se
toma el pecado muy en serio, especialmente en lo que respecta a profanar el
sacramento que recuerda la muerte del Señor y anticipa Su regreso futuro.
Tengamos cuidado.
La solución para que todos los cristianos vengan a observar la Cena y eviten
participar indignamente es «examinarnos» (gr. dokimazō) a nosotros mismos (v.
28)—ponernos a prueba para ver si nuestro motivo al participar de la Cena es
proclamar la muerte del Señor antes de que Él regrese (v. 26). Cualquier otra
razón es riesgosa, tan riesgosa que Pablo explicó en el v. 29 que las muertes
tempranas de algunos en la iglesia ocurrieron como resultado de participar de
la Cena del Señor de una manera indigna.
Alimento para reflexionar
Los cristianos tenemos el privilegio de observar el sacramento de la
Cena del Señor (también conocida como Eucaristía, Comunión). Pero debido a lo
que la Cena conmemora, debemos observarla por las razones correctas y bajo las
condiciones correctas. Primero, debemos ser cristianos profesantes y bautizados
en comunión con Cristo. Segundo, debemos venir a honrar a Cristo proclamando Su
muerte a través de la Cena—tomando parte de pan sin levadura y vino (o jugo).
Aunque algunas iglesias protestantes celebran la Cena con pequeñas copas de
jugo y galletas troceadas, el mensaje es el mismo: la muerte de Jesucristo por
los pecados de aquellos que lo reciben por fe solamente—una proclamación de la
redención del hombre para aquellos que depositan su confianza solo en Cristo
para la salvación. Por lo tanto, cada vez que participamos de la Cena, dignamente
proclamamos la muerte de Cristo hasta que Él venga.