Santiago 4:13-16 ― Humanidad presuntuosa

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor Iglesia Bíblica Harvest)

Santiago 4:13-16 ― 13 Oíd ahora, los que decís: Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad y pasaremos allá un año, haremos negocio y tendremos ganancia. 14 Sin embargo, no sabéis cómo será vuestra vida mañana. Solo sois un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece. 15 Más bien, debierais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. 16 Pero ahora os jactáis en vuestra arrogancia; toda jactancia semejante es mala.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------

COMENTARIOS:

 El tono de Santiago en el v. 13 es directo y profético, pues considera que la actitud audaz de su audiencia no alcanza el estándar cristiano de piedad. A pesar de la fe de ellos en Cristo, su actitud egocéntrica los había llevado a convertirse en ateos prácticos—personas que dicen creer en Dios, pero que viven como si Él no existiera. Poniendo sus miras en enriquecerse, ellos hacían sus planes presuntuosamente sobre cuándo irían, adónde irían, y qué harían, sin dejar espacio para que Dios dirigiera sus pasos (cf. Sal. 37:3-6; Prov. 3:5-6). Ciertamente, no es que Santiago estuviera en contra de que los cristianos hicieran planes para el futuro, o que se ganaran la vida trabajando arduamente por su dinero; él simplemente quería que confiaran en Dios para ello, y no en sí mismos.

Santiago arremete contra la actitud de que vivir la vida sin Dios es la forma en que los cristianos deben vivir el día a día—que tomen sus propias decisiones, allanen sus propios caminos, y determinen sus propios futuros. Esta actitud puede existir en los incrédulos mundanos, pero no tiene lugar entre los cristianos. El pueblo de Dios debe hacer sus planes con Dios en mente, y no aferrarse a ellos.

Es absolutamente absurdo que alguien piense que puede dirigir sus propios caminos. Después de todo, Santiago dice que todos nosotros somos como «un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece». En resumen, el hombre es frágil y fugaz; aquí un minuto, ido al siguiente. Somos propensos a enfermedades en la mejor etapa de la vida, o a una muerte accidental sin culpa propia. No es de extrañar que Proverbios 27:1 diga: «No te jactes del día de mañana, porque no sabes qué traerá el día». La vida no es más que un «soplo» (Job 7:7; cf. Sal. 39:5). Jesús advirtió igualmente, diciendo que la vida del hombre no consiste en la abundancia de sus posesiones (Lc. 12:15), una verdad que ilustró con una parábola sobre un hombre rico que, al igual que los de la audiencia de Santiago, hizo planes presuntuosos para adquirir más. Sin embargo, fue impedido lograr sus objetivos debido a una muerte prematura (Lc. 12:16-20).

Es importante señalar que Santiago no reprendió el capitalismo, el trabajo duro, y el planificar para el futuro. Simplemente instó la frase calificativa: «Si el Señor quiere», para contrarrestar los planes presuntuosos y egoístas. Esto no solo era habitual para Pablo (Hch. 18:21; Rom. 1:10; 1 Cor. 4:19; 16:7), sino también para Jesús, quien oró por la voluntad de Dios por encima de la Suya propia (Lc. 22:42). Aunque uno no encontrará esta frase calificativa adjunta a cada plan de Jesús o de los apóstoles en el NT, es claro que funcionaban diariamente bajo esta directriz, y no hacían nada sin la guía de Dios.

Resumiendo los pecados de su audiencia en el v. 16, Santiago los acusó de jactarse de cosas sobre las cuales no tenían control. Esta jactancia, dice Santiago, es «mala» (gr. ponēros). La traducción de J.B. Phillips captura esto bien, diciendo: «Te llenas de cierto orgullo al planificar tu futuro con tanta confianza». Dado que ninguno de nosotros puede trazar su propio futuro con absoluta certeza, es pecaminoso asumir arrogantemente el control sobre la propia vida. Por supuesto, trazar nuestro futuro es sabio, pero creer que tenemos el control de nuestras vidas es ignorar al Dios que da y sostiene la vida misma. Por tanto, los planes deben hacerse y bañarse en oración, diciendo: «Solo si es Tu voluntad, oh Señor».

Alimento para reflexionar

Los planes presuntuosos son simplemente inconsistentes con nuestra cosmovisión cristiana, pues cuando proclamamos nuestra autonomía e independencia de Dios, nos hacemos a nosotros mismos un dios. En la cosmovisión cristiana, hay un Dios soberano y todopoderoso que da vida, sostiene la vida, dirige los caminos, protege, interviene, escucha y, en última instancia, decide nuestro destino. Debemos consultarle y someternos a Él.