Santiago 5:1 ― Los cristianos y las riquezas
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Santiago 5:1 ― 1 ¡Oíd ahora, ricos! Llorad
y aullad por las miserias que vienen sobre vosotros.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------
COMENTARIOS:
Aunque el
término “ricos” (gr. plousios) es un término relativo, en líneas generales se
refiere a tener una abundancia de posesiones terrenales que excede las
necesidades reales. Por lo tanto, somos ricos si tenemos más de lo que
necesitamos. Por supuesto, la Biblia nunca condena las riquezas, pues ser rico
no es un pecado. Todas las cosas son dadas por Dios: desde heredar riqueza
hasta tener la capacidad de trabajar duro para obtenerla. Por lo tanto, el
pecado que Santiago tiene en mente no es la riqueza, sino el mal uso de ella:
desde acaparar la propia riqueza (vv.
2-3) hasta defraudar a los empleados (v.
4), pasando por entregarse a la autocomplacencia (v.
5) y usar el propio poder derivado de las riquezas para condenar al justo (v.
6). Aparentemente, los ricos que Santiago tenía en mente estaban dentro de
la iglesia, identificándose como cristianos, en un esfuerzo por obtener los
beneficios del cristianismo y de las provisiones de Dios sin someterse
realmente al señorío de Cristo. Santiago, por lo tanto, escribe no solo para
advertir a los creyentes contra la codicia de los beneficios de las riquezas,
sino también para mostrarles cuán severo será su juicio ante Dios por el mal
uso de ellas.
La exhortación
de Santiago en 5:1 (“¡Oíd ahora!”) es la misma que en 4:13,
aunque en 4:13 Santiago se dirigía a los arrogantes que de manera presuntuosa
hacían planes sin reconocer la soberanía de Dios. Aquí en 5:1, Santiago se
dirige con firmeza a otra facción pecaminosa en la Iglesia cristiana. Aunque
Santiago podría estar hablando de las prácticas de los ricos fuera de la
Iglesia, es más probable que se esté dirigiendo a los de adentro. Al decirles
que “lloren” (gr. klaiō) y “aúllen” (gr. ololuzō), o “gemir amargamente” y
“clamar en alta voz”, Santiago no está aconsejando a los ricos que se
compadezcan de sí mismos; les está pidiendo que abran los ojos a su verdadera
condición espiritual, la condición más grave en la que una persona puede
encontrarse. “Llorar” y “aullar” son usados con frecuencia por los profetas
para retratar la respuesta de los impíos cuando el día del Señor está cerca, ya
que “gemir” siempre se usa en el contexto del juicio. Tal vez deberíamos
imaginar los horribles gritos de aquellos que, en el día de su juicio, aullarán
a todo pulmón con lágrimas de remordimiento, tratando de convencer al Señor
Jesús de que lo aman. Sin embargo, pasaron sus vidas en la tierra ignorándolo.
Al llamar a los
ricos a “llorar y aullar”, Santiago expone las vidas de los ricos por o bien desdeñar,
o bien ignorar a Cristo. Su futuro está lleno de “miserias” (gr. talaipōria)—angustia
y aflicción. Ahora bien, Santiago no tenía una visión profética de que estas
personas ricas perderían sus riquezas y tendrían que sufrir temporalmente por
ello; más bien, sabía que el juicio venidero de Dios sobre ellos por el mal uso
de la riqueza, y en última instancia por su rechazo del verdadero Cristo, iba a
ser miserable. Notar el uso en plural de “miserias”, pues esas miserias serán
sin fin en los fuegos del infierno.
La preocupación
por los pobres y la opresión de los pobres son dos indicadores clave de si la
fe de uno en Cristo es genuina (cf. 1:26-27).
Dios siempre ha mostrado preocupación por los pobres, requiriendo que Su amor
se manifieste a través de Su pueblo en su preocupación por ellos (Deut.
15:11; cf. Éx.
22:25; Lev.
25:35), e incluso estableciendo provisiones en la Ley Mosaica que requerían
que los agricultores dejaran parte de su cosecha para los pobres (Lev.
19:9-10; 23:22;
Deut.
24:19). Lamentablemente, la historia de Israel está llena de una flagrante
desobediencia a estas leyes (cf. Amós
4:1 y ss.). Como resultado, el término “rico” a menudo se usaba como
sinónimo de “impío” o “injusto” (Prov.
10:15-16).
Alimento
para reflexionar
Qué triste que aquellos que hoy disfrutan de grandes riquezas sin fe en Cristo solo tengan esta vida para disfrutar. Su felicidad temporal de hoy será reemplazada por el llanto en la eternidad (Lc. 6:24-25; cf. Ap. 18:10-24). ¡Cuán difícil es para los ricos entrar en el reino de los cielos (Mt. 19:23)! Porque las riquezas dan la falsa noción de que Dios no es necesario. Sin embargo, Jesús nos llama a estar al menos dispuestos a renunciar a todo por Él (Mt. 16:24). Por lo tanto, evaluemos nuestros excesos—desde el tiempo hasta el dinero, y determinemos qué estamos reteniendo de dar a Dios y a los demás. ¿Debemos llorar y aullar, o cantar y alabar?