Santiago 5:7-8 ― Paciencia para la parousia
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Santiago 5:7-8 ― 7 Por
tanto, hermanos, sed pacientes hasta la venida del Señor. Mirad cómo el
labrador espera el fruto precioso de la tierra, siendo paciente en ello hasta
que recibe la lluvia temprana y la tardía. 8 Sed
también vosotros pacientes; fortaleced vuestros corazones, porque la venida del
Señor está cerca.
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COMENTARIOS:
El «por tanto» en el v. 7 saca una conclusión del contexto anterior en 5:1-6,
pues el contexto de Santiago pasa de los «ricos» tacaños de vuelta a los
«hermanos». Aunque viven de manera presuntuosa (4:13-16)
y de forma lujosa (5:5)
en esta vida, algunos dentro de la iglesia enfrentan un futuro no tan lujoso en
«el día de la matanza» (5:5).
Por lo tanto, Santiago estaba exhortando a los cristianos más pobres que
sufrían a manos de los ricos a «sed pacientes hasta la venida del Señor» (5:7).
En el contexto más amplio, Santiago aborda cómo los creyentes pueden hacer lo
correcto en un mundo que les hace mal.
La «venida» del Señor (gr. parousia), o advenimiento (Mt.
24:27; 1
Cor. 15:23; 1
Tes. 3:13; 2
Tes. 2:1; 2
Pe. 3:12; 1
Jn. 2:28), concierne a Su «presencia» (1
Cor. 16:17; 2
Cor. 10:10; Flp.
2:12)—la esperanza de la Iglesia durante 2000 años. Aunque la parousia
de Cristo es segura, su tiempo es desconocido (Mc.
13:32). Lo que se sabe es que Cristo no es lento acerca de Su promesa, según
algunos entienden lentitud, sino que es paciente para con aquellos que Dios
escogió para salvación. Esto significa que Jesús aguarda a todos aquellos a
quienes Dios Padre escribió en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de
la fundación del mundo a nacer físicamente y luego nacer de nuevo (2
Pe. 3:9; Ap.
13:8; 17:8;
cf. Ef.
1:3-14).
Dado que el día de la parousia de Cristo es tanto seguro como
inminente, y puesto que los días previos a él serán difíciles (cf. Flp.
1:29), es importante que el pueblo de Dios en medio de la persecución sea
«paciente»—una palabra compuesta griega proveniente de macros y thumos
(makrothumeō). Literalmente significa «largo enojo», traducida de
diversas maneras como «paciencia», «perseverancia», y «largo sufrimiento». En
el v.
10, Santiago usa los ejemplos de los profetas del Antiguo Testamento que
fueron pacientes en medio de sus sufrimientos, junto con la exitosa «paciencia /
perseverancia» de Job en sus pruebas en el v.
11. Por lo tanto, lo que Santiago enseña a los cristianos es que debemos
tener la misma perseverancia fiel y paciente «hasta» la venida de Cristo,
cuando todo el sufrimiento cristiano termine, y las dificultades de la vida
sean removidas para siempre.
En la segunda mitad del v. 7, Santiago da una ilustración de cómo se ve
la paciencia usando el ejemplo de un labrador. En esa sociedad agraria, los
labradores preparaban sus campos minuciosamente, sembraban semillas en la
tierra, y luego esperaban pacientemente las lluvias de octubre-noviembre. Esto hacía
que sus semillas germinaran hasta las lluvias de marzo-abril, lo cual permitían
que las semillas echaran raíces y crecieran. Durante esos tiempos, sin embargo,
los labradores dependían absolutamente de Dios para la provisión, esperando
pacientemente a que Él actuara como también les enseñaba su Ley: «Él dará a
vuestra tierra la lluvia a su tiempo, lluvia temprana y lluvia tardía, para que
recojas tu grano, tu mosto y tu aceite» (Deut.
11:14). De hecho, como señala Douglas Moo: « Toda referencia a 'lluvias tempranas y posteriores' en el Antiguo
Testamento ocurre en un contexto que afirma la fidelidad del Señor (Deut.
11:14; Jer.
5:24; Oseas
6:3; Joel
2:23; Zac.
10:1)».
Alimento para reflexionar
Así como un labrador espera pacientemente que la naturaleza y Dios obren a través de su diligencia y obediencia, también Santiago anima a todos los cristianos a soportar con paciencia aquello que se nos presenta, ya sea enfermedad, persecución, pérdida de empleo, la amenaza de muerte, o las lluvias para nuestros tan necesitados cultivos. Con la venida de Cristo en perspectiva y su certeza, nosotros como cristianos podemos mirar más allá de nuestras preocupaciones y luchas, sabiendo que nuestras pruebas son temporales. A la luz de la eternidad, son como una gota en medio de un océano. La cercanía de la venida de Cristo—la perspectiva misma de Su presencia futura, es suficiente para calmar todos nuestros temores, acallar todas nuestras dudas, y sanar todas nuestras heridas. Si tan solo volviéramos nuestra atención a Jesucristo y a Su retorno inminente. Dado que eso podría suceder en cualquier momento, oremos: «¡Oh Señor, venga tu Reino!».