1 Corintios 1:1 ― El gran Apóstol Pablo
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
1 Corintios 1:1 ― 1 Pablo, llamado a ser
apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano...
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------
COMENTARIOS:
El escritor de
1 Corintios es “Pablo”, originalmente conocido como “Saulo” (Hch.
7:58; 13:9).
Si alguien ha tenido alguna vez una transformación radical en su vida, ese fue
Pablo. Su propio testimonio de su vida antes de convertirse en seguidor de
Jesucristo en Hechos
22:3 habla por sí mismo, pues él era un “judío, nacido en Tarso de
Cilicia”, lo que significa que era un judío de la Diáspora (nacido fuera de
Israel). Sin embargo, fue criado en Jerusalén y “educado bajo Gamaliel en
estricta conformidad a la ley de nuestros padres”—la Ley y tradiciones judías.
Como tal, Pablo era extremadamente “celoso de Dios” (cf. Gál.
1:13-14).
Aunque el celo
por Dios consumía a Pablo, al no saber quién era Jesús verdaderamente, él odiaba
a Jesús y especialmente a Sus seguidores. Llamando a la fe cristiana “el
Camino” (cf. Jn.
14:6), Pablo escribió: “perseguí este Camino hasta la muerte, encadenando y
echando en cárceles tanto a hombres como a mujeres… también… recibí cartas para
los hermanos, y me puse en marcha para Damasco con el fin de traer presos a
Jerusalén también a los que estaban allá, para que fueran castigados” (Hch.
22:4-5).
Pablo no era un
ateo, sino un judío que creía firmemente en el Dios de la creación, apasionado
por la Ley de Moisés. Cualquiera a quien Pablo considerara una amenaza para el
judaísmo estaba literalmente en peligro de perder la vida, pues Pablo tenía en
su corazón el dañar a todos los que se opusieran a su versión del judaísmo (cf.
Hch.
7:58). Aunque su celo era admirable, sus ojos espirituales estaban ciegos a
la verdad, es decir, hasta que Jesús lo confrontó. El testimonio de Pablo fue:
“aconteció que cuando iba de camino, estando ya cerca de Damasco, como al
mediodía, de repente una luz muy brillante fulguró desde el cielo a mi
derredor, y caí al suelo” (Hch.
22:6-7a). Una vez que Jesús se le apareció, Pablo nunca volvió a ser el
mismo.
Pablo respondió
a Jesús preguntando: “¿Qué debo hacer, Señor?” (Hch.
22:10). Jesús respondió diciéndole que había sido designado como ministro y
testigo de las cosas que había visto y que estaba siendo enviado a predicar el
evangelio cristiano a los gentiles—personas que no eran de Israel; no judíos.
Aunque todos los que son “enviados” son apóstoles, Pablo, junto con algunos
otros elegidos, ostentaba el oficio de apóstol. El término se refiere a un “heraldo”
o “enviado”. Literalmente, significa uno enviado a realizar una tarea
específica. Esta comisión fue un honor único otorgado a solo 13 hombres en el
NT—los 12 discípulos de Jesús (Mt.
10:2-5), menos Judas, más Matías (Hch.
1:26). Pablo, quien también fue “llamado” al oficio de apóstol, se
convirtió en el número 13. Teológicamente, “llamado” (klētos) se refiere a un
hijo electo de Dios, convocado por Dios para creer en, y servir a, el Señor
Jesús resucitado (cf. Rom.
8:28-30).
Aunque Judas
Iscariote fue reemplazado por Matías después de su muerte, una vez que esos 13
apóstoles murieron, el oficio murió con ellos. Quienes ostentaban el oficio no
solo habían visto al Señor Jesús resucitado (1
Cor. 9:1), sino que realizaban obras apostólicas específicas (2
Cor. 12:12). Pablo escribió más tarde que Cristo “dio a algunos el ser
apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros”
(Ef.
4:11). Cristo hizo esto “a fin de capacitar a los santos para la obra del
ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (4:12).
Ese fundamento de verdad establecido por los apóstoles es aquel sobre el cual evangelistas
y pastores edifican encima hoy. Cristo es la piedra angular de ese fundamento,
y los creyentes son “piedras vivas… edificados como casa espiritual para un
sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por
medio de Jesucristo” (1
Pe. 2:5).
Con Pablo
estaba “Sóstenes”, mencionado solo dos veces en el NT, aquí y en Hechos
18:17 cuando Pablo estaba en Corinto. Allí, Sóstenes era el “oficial de la
sinagoga” que fue golpeado por los judíos cuando el procónsul romano Galión se
negó a escuchar su querella contra Pablo. Si este es el mismo hombre, entonces
tal vez se había convertido a Cristo para el momento de la redacción de 1
Corintios. Qué papel pudiera haber desempeñado en la redacción de 1 Corintios
nunca se menciona.
Alimento para
reflexionar
Dado que el fundamento de la Iglesia equivale a las palabras de Cristo y de Sus apóstoles (Ef. 2:11-22), hoy no hay necesidad de apóstoles como Pablo, Pedro, o Juan para poner otro fundamento. Con sus palabras preservadas para nosotros en las Escrituras, no necesitamos nueva revelación de un apóstol. Simplemente necesitamos leer sus palabras en el Nuevo Testamento y edificar sobre ese fundamento un convertido tras otro, pues la estructura se edifica sobre el fundamento. Por lo tanto, cuando alguien se da a sí mismo hoy el título de “apóstol”, tú deberías correr en dirección contraria. Todo lo que necesitamos hoy en día son pastores, maestros, y evangelistas que nos enseñen y exhorten en la palabra apostólica—la Biblia. Pablo todavía habla hoy porque, como apóstol de Jesucristo, habló de parte de Jesucristo. Sus palabras, junto con cada palabra del Nuevo Testamento, deberían estar por tanto escritas en rojo. ¡Todo proviene de Jesús!