1 Corintios 1:20-25 ― El evangelio: Cristo crucificado

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

1 Corintios 1:20-25 ― 20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde el polemista de este siglo? ¿No ha hecho Dios que la sabiduría de este mundo sea necedad? 21 Porque ya que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció a Dios por medio de su propia sabiduría, agradó a Dios, mediante la necedad de la predicación, salvar a los que creen. 22 Porque en verdad los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría; 23 pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles; 24 mas para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios. 25 Porque la necedad de Dios es más sabia que los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres.

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COMENTARIOS:

En el v. 20, Pablo convoca a todos los que piensan que son sabios según los estándares del mundo—aquellos que piensan que pueden escribir y aquellos que piensan que pueden debatir. Desafiándolos a un debate con él con respecto a la sabiduría de Dios, Pablo dice que Dios ha hecho necedad la sabiduría mundana de ellos. Explicando esto en el v. 21, dice que Dios, en Su eterna sabiduría, dispuso que ningún ser humano pudiera jamás conocerlo personalmente a través de la sabiduría humana. Si alguien pudiera, y pudiera enseñar a otros a conocer a Dios a través de la sabiduría humana, tal persona se enaltecería a sí misma y crearía un pueblo que se enaltece a sí mismo. En cambio, Dios hizo el mensaje del evangelio, que es «necedad» (mōria) para las personas sabias según el mundo, tan simple que lo considerarían absurdo, tanto entonces como ahora. La verdad es que el evangelio de la salvación viene por medio de la fe solamente en Jesucristo solamente (cf. Ef. 2:8-10). ¡Bastante simple! Y Pablo dice que a Dios le «agradó» (eudokeō) mediante la así llamada «necedad de la predicación» que es presentada fielmente por apóstoles como él, salvar a aquellos que simplemente crean.

En este mundo, tanto entonces como ahora, varias personas buscan diversas formas de sabiduría. En cuanto a los judíos, ellos «piden señales» (v. 22). Esto tiene sentido dada su historia—desde el éxodo egipcio hasta las señales milagrosas dadas por Elías y Eliseo, los judíos estaban acostumbrados a señales asombrosas de parte de Dios. Cuando Jesús llegó a la escena, los judíos requirieron señales de Él (Mc. 8:11), señales que Él les dio repetidamente en Sus enseñanzas y milagros, aunque lo rechazaron. Lo que ellos deseaban era un Mesías que apareciera en las nubes y descendiera sobre sus enemigos. Aunque Jesús hará tal cosa, Su primera aparición fue absurda para ellos, viniendo en humildad. En cuanto a los griegos (es decir, los gentiles), ellos «buscan sabiduría»—buscando lo que consideraban razonamientos racionales, intelectuales, lógicos, y computacionales. Ahora bien, aunque Dios es lógico y razonable, Él ha dispuesto que estos aspectos no puedan llevar a los no salvos a la salvación. Eso requiere fe en Cristo.

Entonces, ¿cuál era el mensaje divino de Pablo que lleva a los perdidos a la fe salvadora? Respuesta: Cristo crucificado. ¿Por qué es esto una «piedra de tropiezo» (skandalon) para judíos, y «necedad» (mōria) para gentiles? Porque «Cristo» (heb. Mesías) es Dios, y lógicamente hablando, Dios no puede ser «crucificado» (stauroō). Dios, por definición, es eterno e incapaz de morir. Incluso si pudiera morir, morir por crucifixión—la forma de muerte más humillante y degradante—sería aún más absurdo. Por lo tanto, la frase misma «Cristo crucificado» para los judíos es semejante a decir «hielo frito». Para la mente lógica, no puede suceder. Es, por lo tanto, un skandalon, u ofensa, para los judíos, y es una estupidez para los griegos.

A pesar de su aparente absurdidad, «Cristo crucificado» es el mensaje del evangelio del Dios Todopoderoso y Eterno. Dios mismo se hizo carne en Jesús de Nazaret, quien vivió nuestra vida, murió nuestra muerte, y resucitó de entre los muertos. Son aquellos que son «los llamados» (klētos) quienes se encuentran en franco contraste con aquellos que afirman que el mensaje del evangelio es ofensivo o absurdo. Los «llamados» son los salvos, a saber, la ekklesia: los «llamados a salir». Son aquellos que reciben sin vacilar el mensaje simple de «Cristo crucificado». Estos «llamados» son los escogidos de Dios, convocados a creer en Cristo, «tanto judíos como griegos» (v. 24). Para ellos, Cristo crucificado significa «Cristo poder de Dios y sabiduría de Dios». Después de todo, «la necedad de Dios», si la hubiera, es aún «más sabia que los hombres»; y «la debilidad de Dios», si la hubiera, es aún «más fuerte que los hombres» (v. 25).