1 Corintios 1:29-31 ― La única jactancia del cristiano

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

1 Corintios 1:29-31 ― 29 para que nadie se jacte delante de Dios. 30 Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención, 31 para que, tal como está escrito: El que se gloría, que se gloríe en el Señor.

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Pablo escribió lo que escribió para aclarar, más allá de toda duda, que Dios y solo Dios es responsable de la salvación de todos los creyentes. La salvación de la pena del pecado es de Dios, proviene de Dios, y toda la gloria por nuestra salvación debe ser para Dios. Aunque muchas personas sabias e inteligentes han llegado a la fe en Cristo a lo largo de los siglos, ninguna llega a la fe debido a su sabiduría, inteligencia, ni posición social. La gracia de Dios es la única responsable de la salvación de Sus hijos escogidos, «para que nadie se jacte delante de Dios» (v. 29). Si el hombre tuviera algo que ver con su salvación, tendría algo de qué jactarse. Pero no tiene nada.

Aunque habla directamente a los corintios en el v. 30, las palabras de Pablo son para todos los cristianos (cf. 1:2) cuando dice: «Mas por obra suya»—obra exclusivamente de Dios, «estáis vosotros en Cristo Jesús». El crédito por la salvación debe darse claramente y de manera exclusiva a Dios por medio de «Cristo Jesús». Es por eso que la frase tan repetida es como es: Somos salvos por la gracia de Dios solamente, por medio de la fe solamente en Jesucristo solamente. Es por «obra suya»—la obra de Dios solamente que los cristianos se han arrepentido de su incredulidad.

En la segunda parte del v. 30, Pablo profundiza acerca de «Cristo Jesús», diciendo, primero, que Él «se hizo para nosotros sabiduría de Dios». Esta es la primera de cuatro descripciones que Pablo da en este versículo de la suficiencia del creyente en Cristo. Que Cristo «se hizo» para nosotros es la seguridad para los creyentes de un evento que ya ha ocurrido, indicado por el verbo aoristo griego. El verbo implica algo que Cristo hizo por los creyentes en el pasado. En este caso, Él se hizo «para nosotros sabiduría de Dios». Basándonos en el argumento de Pablo en este contexto (vv. 19-31), «sabiduría de Dios» es aquello que trasciende la sabiduría mundana, siendo esta última, en sí misma, incapaz de llevar a un no creyente a la fe salvadora. Por lo tanto, la «sabiduría de Dios» es un regalo de Dios que permite a un no creyente convertirse en creyente en Cristo. Cristo mismo se hizo así para los creyentes en nuestra sabiduría—la sabiduría de Dios (cf. Col. 2:2b-3).

En segundo lugar, Cristo se volvió en la «justificación» (dikaiosunē) de todo cristiano. Este término habla de la cualidad de ser recto en la posición de uno delante de Dios. Aunque todos pecan y no alcanzan la gloria de Dios (Ro. 3:23), por medio de la fe en Cristo uno es justificado—declarado justo por Dios (Ro. 3:23-28). Cristo es, por lo tanto, la «justificación» del cristiano.

En tercer lugar, Cristo se volvió en la «santificación» (hagiasmos) de todo cristiano. Este término significa «ser apartado; ser santo». En Cristo, y solo en Cristo, el creyente es apartado de los no creyentes. Con el tiempo, esta condición de estar apartado crece, madura, y se vuelve moralmente distinta. De ahí el término «santificación»—el proceso continuo de dedicarse cada vez más a Cristo, quien Él mismo es nuestra santificación. Solamente Él es la santidad del creyente. Nada más.

En cuarto lugar, Cristo se volvió en la «redención» (apolutrōsis) de todo cristiano—el «pago de liberación». Si todo cristiano debe la muerte eterna como la paga del pecado (Ro. 6:23), entonces el pago de Cristo en la cruz por el pecado significa que Él es nuestra redención. Así, en la cruz vemos la muerte de Cristo en nuestro favor. Lo que nosotros le debíamos a Dios en muerte, Cristo lo pagó. Él es, por lo tanto, nuestra redención.

Siendo todo esto verdad, y no teniendo el hombre nada de qué jactarse delante de Dios con respecto a su salvación, Pablo cita Jeremías 9:23, diciendo que si una persona se jacta, o gloría, solo debe jactarse/gloriarse en conocer al Señor Dios: «No se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza; mas el que se gloríe, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce, pues yo soy el Señor que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas me complazco» (Jer. 9:23-24).

¿El punto de Pablo? Nadie debe gloriarse en el hombre. Pablo, Apolos, y Pedro no tienen más de Cristo que cualquier otro creyente. Por lo tanto, no debería haber divisiones en la iglesia alrededor de los hombres (1:10-11).

Alimento para reflexionar

Al declarar a creyentes en Cristo «justos», Dios nos ha salvado (tiempo pasado) de la pena del pecado. A través de nuestra madurez espiritual en Cristo a lo largo del tiempo—nuestra «santificación», estamos siendo salvados actualmente (tiempo presente) del poder del pecado. Y debido a la promesa de Dios de llevar a cabo nuestra plena «redención», un día seremos salvos (tiempo futuro) de la presencia misma del pecado. Pablo deja a cada cristiano sin nada de qué jactarse excepto de lo que Cristo ha hecho en y a través de ellos. Toda la gloria pertenece solo a Cristo. Ahora nuestra única jactancia es que le conocemos.