1 Corintios 1:4-6 ― La soberana gracia de Dios en la salvación
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
1 Corintios 1:4-6 ― 4 Siempre doy gracias a mi
Dios por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús, 5 porque
en todo fuisteis enriquecidos en Él, en toda palabra y en todo conocimiento, 6 así
como el testimonio acerca de Cristo fue confirmado en vosotros...
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Cuando Pablo llegó por primera vez a Corinto en algún momento del año 51
d. C., llegó a una bulliciosa ciudad llena de libertinaje y paganismo—aparentemente
desprovista de verdaderos prospectos de cristianos. Incluso sus congéneres
judíos rechazaron su predicación acerca de que Jesús de Nazaret era el Cristo (Hch.
18:5-6). A pesar de esto, Dios le habló a Pablo y lo animó: “No temas,
sigue hablando y no calles; porque yo estoy contigo, y nadie te atacará para
hacerte daño, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad” (Hch.
18:9-10). El hecho de que Dios tuviera “mucho pueblo” en Corinto solo puede
significar que Dios tenía a muchos de Sus escogidos, aunque aún no nacidos de
nuevo, esperando escuchar el evangelio de Cristo para poder creer. ¡Y vaya si
creyeron! Pablo permaneció en Corinto durante 18 meses (Hch.
18:11), ayudado por amigos como Silas, Timoteo, Aquila, y Priscila. Luego
se marchó. Lo que surgió de la decadencia corintia fue una iglesia de
Jesucristo.
En el v. 4, Pablo informa a los cristianos corintios sobre sus continuas
oraciones por ellos, cómo daba gracias a Dios “siempre… por vosotros” por cómo
la gracia de Dios los había llevado a la fe en Jesucristo. Esto significa que
Pablo no plantó la iglesia en Corinto y luego se olvidó de ellos; en cambio,
oraba por ellos y daba gracias a Dios por ellos “siempre” (pantote). Por lo
tanto, aunque la gran mayoría de 1 Corintios es peyorativa, es evidente a
partir de los vv. 4-9 que Pablo no estaba reprendiendo a incrédulos en la
iglesia corintia; estaba corrigiendo con amor a cristianos descarriados. Pablo
estaba siendo, por lo tanto, discreto al comienzo de su epístola, reconociendo
que los cristianos corintios eran en verdad hermanos en Cristo, antes de
intentar corregir con amor sus muchas maeras pecaminosas.
Notar en el v. 4 cómo Pablo habla de la “gracia de Dios” y cómo esta “os
fue dada en Cristo Jesús”. El verbo “fue dada” (dotheisē) es un aoristo griego
en tiempo pasado en voz pasiva. Esto significa que la gracia de Dios fue
impuesta sobre los creyentes en Corinto, y no fue algo que ellos “aceptaron”
por su propio libre albedrío. Es Dios quien actúa sobre Su pueblo en amor para traerlos
a Cristo (Jn.
6:44). Él ama primero, nosotros le amamos a Él en correspondencia (1
Jn. 4:19). Dios nos da gracia, y nosotros recibimos a Cristo solo por la
fe. La salvación es, por lo tanto, toda de Dios; solo a Él le pertenece la
gloria.
En el v. 5, Pablo habla específicamente de aquello por lo que está tan
agradecido a Dios con respecto a los cristianos corintios: “porque en todo
fuisteis enriquecidos en [Cristo], en toda palabra y en todo conocimiento”. Notar
cuán profundamente Dios los había bendecido, haciendo que no les faltara nada.
El verbo “fuisteis enriquecidos” (eploutisthēte) significa “hacer que alguien se
vuelva muy rico en recursos”, ya sea de manera figurada o literal. Al igual que
“fue dada” en el v. 4, “fuisteis enriquecidos” es un aoristo pasivo, lo que
significa que los cristianos corintios fueron los receptores pasivos de lo que
Dios dio como enriquecimiento de ellos. Ese “enriquecimiento” se especifica
como estando “en Él”, es decir, “en Jesucristo”, con dos cosas. Primero, “toda
palabra” (panti logos). Esto significa que los corintios sabían cómo explicar a
Cristo, y hacerlo con elocuencia. Conocían el evangelio a fondo y cómo
comunicarlo. Segundo, tenían “todo conocimiento” (pasē gnōsei). Esto significa
que comprendían plenamente quién es Dios, lo que ha hecho en Cristo, y lo que
va a hacer. ¡A los corintios, por lo tanto, no les faltaba nada!
Notar en el v. 6 el verbo “fue confirmado” (ebebaiōthē), nuevamente un
verbo aoristo pasivo. Dios, por lo tanto, fue el responsable de dar a los
creyentes corintios Su gracia para la salvación (v. 4), Su enriquecimiento para
la palabra y el conocimiento (v. 5), y Su confirmación de su “testimonio”
(marturion). Este verbo se refiere a las señales milagrosas que Dios usó para
confirmar el evangelio predicado por los apóstoles de Cristo (cf. Heb.
2:3), incluso en Corinto. El mismo Pablo pasó 18 meses estableciendo y
confirmando un fundamento firme para la fe de ellos (1
Cor. 3:10)—un fundamento que era genuino en su origen apostólico y probado
por Dios mismo, quien permitió a Pablo ver los frutos espirituales de su
trabajo con el evangelio.
Alimento para reflexionar
A veces pensamos que carecemos de ciertos dones espirituales. Es poco
probable que un solo cristiano posea todos los dones del Espíritu, pero a pesar
de esto, verdaderamente no nos falta ninguna cosa buena. Puede que no tengamos
el don del evangelismo, ¡pero Dios puede obrar a través de personas que apenas
pueden hablar! En cuanto a la enseñanza, algunos de los sermones más aburridos
han sido los más poderosos. Puesto que el Espíritu de Dios habita en nosotros (Rom.
8:9-11), no necesitamos pedirle a Dios que nos dé nada más, porque ya
poseemos lo que necesitamos para glorificarle. Tal vez deberíamos orar en cambio
para que Dios nos ilumine respecto a nuestros dones, a fin de que procuremos desarrollar
los dones que sabemos que ya poseemos. ¡Pero podemos descansar seguros sabiendo
que tenemos todo lo que necesitamos directamente del cielo! Y lo que tenemos,
Dios nos lo dio.