1 Corintios 2:10-11 ― El Espíritu de Dios y el espíritu del hombre

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

1 Corintios 2:10-11 ― 10 Pero Dios nos las reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios. 11 Porque entre los hombres, ¿quién conoce los pensamientos de un hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Asimismo, nadie conoce los pensamientos de Dios, sino el Espíritu de Dios.

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COMENTARIOS:

En 2:9 Pablo parafrasea Isaías 64:4, diciendo: «Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han entrado al corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman». Aunque este pasaje se utiliza a menudo en los funerales para asegurar a los afligidos la belleza que sus seres queridos fallecidos están experimentando en el cielo, en realidad habla de la sabiduría que Dios ha revelado a los creyentes, «a nosotros» («nos»), en el aquí y el ahora. Porque solo los creyentes son capaces de comprender lo que Dios ha preparado para ellos. El v. 10 es evidencia de esto, al hablar del presente donde Dios ya ha revelado Su sabiduría a Su pueblo «por medio del Espíritu», el Espíritu Santo.

En pocas palabras, los no regenerados nunca comprenderán a Dios. La Escritura enseña que ellos pueden ver con sus ojos las obras de Dios en la creación (Rom. 1:19-20), y si Dios lo permite, pueden oírle hablar como ocurrió con Pablo antes de su conversión (Hch. 9:4-5). Incluso el falso profeta Balaam pudo oír hablar a Dios en Números 22-24. Pero la revelación de Dios de Sí mismo y de Su plan eterno no se puede descubrir a través de los métodos científicos típicos del hombre como la observación, la investigación, el instinto, o la lógica y la razón humanas. Ningún comité integrado por las personas más inteligentes que el mundo haya conocido jamás podría descubrir el misterio de Dios revelado a través de Jesucristo y registrado en la Escritura. Este misterio solo es revelado a los escogidos de Dios por medio del Espíritu Santo a través de la fe.

Cuando Pablo dice: «Dios nos las reveló», el «nos» hace referencia a los creyentes en general, pero específicamente a los destinatarios de la revelación especial de Dios, a saber, los profetas y apóstoles que escribieron la Biblia bajo la inspiración del Espíritu Santo (2 Pe. 1:20-21; cf. 2 Tim. 3:16). Y «las» concierne a las «cosas que ojo no vio… las cosas que Dios ha preparado para los que le aman». El medio a través del cual Dios se reveló a los creyentes fue (y es) por medio del Espíritu Santo. El v. 10 explica que «el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios». Puesto que el Espíritu Santo es un miembro de la Trinidad, ciertamente el Espíritu conoce plenamente la mente de Dios. Puesto que solo Dios puede conocer a Dios, y dado que el Espíritu es enviado al hombre por Dios, entonces el Espíritu Santo es el vínculo entre Dios y el hombre. Así que «el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios», y se las revela a quienes Dios ha preparado para tal conocimiento.

En Romanos 8:26-27 se habla de cómo el Espíritu Santo escudriña a los creyentes, sus corazones, y sus mentes. Él intercede por ellos cuando no sabemos cómo orar a veces, y pide por ellos conforme a la voluntad de Dios, ya que el Espíritu es de hecho Dios (cf. 2 Cor. 3:17-18). El Espíritu examina a los creyentes, luego habla al Padre en su favor, intercediendo por ellos al igual que también lo hace el Hijo (Rom. 8:34). Puesto que el Espíritu Santo es Dios, conoce la mente de Dios, incluso las «profundidades de Dios».

Ahora bien, el «espíritu del hombre» representa los pensamientos y creencias más íntimos de un ser humano. Dado que solo nosotros sabemos lo que estamos pensando, solo nosotros podemos explicar cómo nos sentimos realmente, o por qué hacemos lo que hacemos. Cuando nos sentimos incomprendidos, intentamos justificar nuestras acciones dando explicaciones cuando los demás no entienden nuestra conducta. De la misma manera, el Espíritu Santo conoce los pensamientos de Dios porque Él es Dios. Este mismo Dios se ha revelado junto con Su sabiduría, a Sus hijos. Como resultado, quienes conocen a Jesucristo, la segunda persona de la Trinidad—Dios encarnado—, conocen a Dios. Conocer a Dios a través de Su Hijo significa que los cristianos tienen la sabiduría de Dios. Ellos son aquellos cuyos ojos han visto, cuyos oídos han oído, y cuyas mentes han concebido lo que Dios ha preparado para ellos (v. 9). Por lo tanto, los tres miembros de la Trinidad son esenciales para la fe cristiana (cf. Ef. 1:4-14).

Alimento para reflexionar

Sin Dios, el hombre no tiene sabiduría. No importa cuán educados seamos, pues sin Dios no hay nada de qué jactarse. Dios ha revelado Su sabiduría por medio del Espíritu Santo, y ese mismo Espíritu Santo intercede por nosotros. Si has puesto tu fe en Cristo como Señor y Salvador, puedes saber que Dios escucha tus oraciones. Le oramos al Padre (cf. Mt. 6:9), y mientras oramos, el Espíritu Santo pide por nosotros (cf. Rom. 8:26-27). Además, Romanos 8:34 dice que Jesús, sentado a la diestra de Dios Padre, también intercede por nosotros. El Espíritu que Dios nos dio es maravilloso en verdad, orando por nosotros y dándonos entendimiento acerca de la mente de Dios. Por lo tanto, cuando recibimos a Cristo como Señor, se nos da la mente misma de Dios, pensando Sus pensamientos conforme a Él.