1 Corintios 2:12-13 ― El Espíritu de Dios y el espíritu del hombre – Parte 2
Fecha: 29 de octubre de 2026
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia
Bíblica Harvest)
1 Corintios 2:12-13 ― 12 Y nosotros hemos
recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para
que conozcamos lo que Dios nos ha dado gratuitamente, 13 de
lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino
con las enseñadas por el Espíritu, combinando pensamientos espirituales
con palabras espirituales.
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COMENTARIOS:
Lo que Pablo ha
estado diciendo todo el tiempo tiene que ver con la sabiduría con la que habla
en contraste con la sabiduría del mundo. La sabiduría de la que habla es para
«los que han alcanzado madurez» (v.
6)—aquellos que conocen a Jesucristo como Salvador y Señor. Esta sabiduría
no es algún tipo de conocimiento oscuro o críptico que solo los cristianos han
oído; más bien, es el conocimiento de la salvación eterna que no se encuentra
en las filosofías mundanas, sino por medio del Espíritu Santo que Dios da a los
creyentes en Cristo. Al hablar de lo que el Espíritu Santo ha dado a los
creyentes, lo que ellos no han recibido, según el v. 12, es el «espíritu del
mundo», es decir, un espíritu de ambición egoísta y conocimiento mundano. Lo
que han recibido es el Espíritu Santo «que viene de Dios». Por lo tanto, el
Espíritu no es del mundo. Pero puesto que todos los creyentes han recibido el Espíritu
de Dios, la implicación es que no deben actuar como el mundo, una trampa en la
que los corintios habían caído, lo que motivó la carta de reprensión y
aclaración de Pablo. Dado que la mayoría de los cristianos caerán en esta
trampa en algún momento de su caminar con Cristo, las palabras de Pablo hablan
de manera clara y directa a cada generación.
La última
cláusula del v. 12 revela el propósito de Dios al conceder a los cristianos el
don del Espíritu Santo, a saber, «para que conozcamos lo que Dios nos ha dado gratuitamente».
Por supuesto, todo el contexto gira en torno a la sabiduría, tanto la mundana
como la divina. Dios deposita Su Espíritu en Su pueblo, los creyentes en
Cristo, para que Su sabiduría sea compartida por quienes le invocan para
salvación. Gordon Fee dice: «Pablo, al hablar en este pasaje acerca de la
sabiduría de Dios, está refiriéndose a la salvación por medio del crucificado.
Y eso es algo que el pueblo de Dios «comprende» precisamente por haber recibido
el Espíritu». No pasemos por alto el hecho de que el Espíritu de Dios es un don
de Dios—un don dado gratuitamente por Él y recibido por Sus hijos. ¿Por qué?
Para «que conozcan» la mente de Dios.
En el v. 13, el
Espíritu del que habla Pablo es, nuevamente, el Espíritu Santo, quien es el
poder subyacente detrás de su doctrina. Por lo tanto, el Espíritu es la clave
para la salvación del cristiano. También es la explicación de su comprensión de
lo espiritual. El medio a través del cual habla Pablo es el Espíritu Santo, no
la sabiduría secular de los recursos retóricos utilizados por los filósofos y
sofistas griegos. Por tanto, al enseñar por medio del Espíritu Santo, Pablo
«combina», o mejor dicho, «explica» lo espiritual con lo espiritual, es decir,
pensamientos espirituales con palabras espirituales—explicando las enseñanzas
del Espíritu Santo en un lenguaje adecuado para el mensaje, no con sabiduría
mundana.
Volviendo a 1
Corintios 1:17, Pablo dijo a los corintios que él no fue a ellos con
«palabras elocuentes». En cambio, compartió el evangelio de Cristo por medio
del Espíritu de Dios. El hecho de que Pablo haya predicado a «Cristo
crucificado» significa una sola cosa: que habló por medio del Espíritu Santo.
Porque nadie puede compartir con precisión el mensaje de la cruz sin el poder
del Espíritu Santo. Es una idea absurda al margen de la sabiduría de Dios.
Ninguna filosofía humana habría ideado jamás la idea de un Dios Trino, escogiendo
a los Suyos antes del principio del tiempo, haciéndose hombre, muriendo en una
cruz, y resucitando tres días después. Esta es sabiduría divina, no mundana.
Alimento
para reflexionar
Quienes
conocemos a Cristo tenemos el Espíritu de Dios habitando dentro de nosotros. El
poder de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos vive en todos los
creyentes. No apaguemos a este Espíritu (1
Tes. 5:19) ni contristemos a este Espíritu (Ef.
4:30). Más bien, recordemos que el Espíritu Santo es Dios, y se nos da como
un don, habitando en nosotros (Rom.
8:9-11). Él sella a todos los creyentes para que no podamos perder la
salvación que Él nos dio. Ese mismo Espíritu garantiza nuestra redención futura
definitiva (Ef.
1:13-14).