1 Corintios 3:1-2 ― Bebés espirituales perpetuos
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
1 Corintios 3:1-2 ― 1 Así que yo, hermanos, no
pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en
Cristo. 2 Os di a beber leche, no alimento sólido,
porque todavía no podíais recibirlo. En verdad, ni aun ahora podéis…
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En 3:1 Pablo comienza una nueva comparación, hablando aquí del hombre
«espiritual» (pneumatikos) en oposición al hombre «natural» (psuchikos) de 2:14—aquel desprovisto del Espíritu (es decir, el
no creyente). El «espiritual» en este contexto se contrapone a los «carnales»
(sarkikos), mundanos, e inmaduros «niños en Cristo». Aunque todos son
sarkinos—hombres caídos y carnales a semejanza de Adán y necesitados de un
Salvador—, no todos están destinados a permanecer en tal estado. Mientras que
psuchikos se refiere a los no creyentes que rechazan las cosas del Espíritu de
Dios y las tienen por necedad, los cuales no pueden entender las cosas de Dios
(2:14), los sarkikos (creyentes inmaduros) sí
comprenden las cosas del Espíritu de Dios; son cristianos. Aunque son
pneumatikos—espirituales en su posición en Cristo como cristianos—, en el plano
práctico son sarkikos: inmaduros en su conocimiento de Cristo y en su comportamiento
como seguidores de Cristo.
Notablemente, Pablo ha pasado de decir «nosotros» en el contexto
anterior del capítulo dos, donde se incluía a sí mismo junto con los corintios,
a decir «pero en cuanto a mí» o «pero yo» (3:1), a fin de separarse de ellos y
de su comportamiento infantil (sarkikos). Por supuesto, ser un «niño en Cristo»
al comienzo de la conversión es algo normal. Pero dado que Pablo afirma que los
corintios todavía no están preparados para el alimento sólido en el v. 2, el
término «niño» pasa a ser despectivo en este contexto.
En resumen, Pablo era un cristiano en maduración, pero los corintios no
lo eran. De hecho, su crecimiento estaba estancado, como lo evidenciaban sus
divisiones infantiles (cf. 1:10ss.). Como un maestro de cálculo que intenta
enseñar matemáticas avanzadas a niños de kínder, Pablo estaba exasperado. Por
ello, «no pudo hablarles» como a personas espirituales, como a cristianos
maduros. Puesto que sus mentes estaban puestas en las cosas carnales, como la
sabiduría mundana y las filosofías, dividiéndose por los estilos de enseñanza
de los hombres, Pablo se vio impedido de enseñarles las verdades espirituales
más profundas que desesperadamente necesitaban.
Continuando con la analogía del niño pequeño en el v. 2, Pablo dijo que
dio a los corintios «a beber leche, no alimento sólido». Por supuesto, la «leche» es la dieta de un
bebé o niño pequeño, pues los niños pequeños no pueden tolerar el alimento
sólido. En sentido espiritual, la «leche» representa el evangelio sencillo. Los
corintios lo entendían; era el «alimento sólido» lo que no podían tolerar. El
alimento sólido representa el crecimiento continuo en lo que realmente
significa la cruz de Cristo. Es mucho más que un acontecimiento histórico que
deba reconocerse; es la sabiduría de Dios, el «misterio» antes oculto pero
ahora revelado. Así como el alimento sólido fortalece el desarrollo de un niño,
el alimento sólido de crecer en el conocimiento y la sabiduría de Dios es
esencial para el crecimiento espiritual. Al parecer, los corintios no tenían
dientes para masticar semejante alimento, por así decirlo. Por tanto, Pablo los
reprendió y los llamó «carnales» (sarkikos) en el v. 3. Su conversión a Cristo
los hizo espirituales, sí, pero su comportamiento mundano y no cristiano
revelaba su inmadurez espiritual.
Alimento para reflexionar
Qué lástima que algunos cristianos no logren madurar más allá de la
infancia espiritual. Como resultado, los maestros y predicadores
espiritualmente maduros se quedan con el mismo problema que Pablo tuvo con los
corintios: son incapaces de hablarles a sus oyentes como a hombres y mujeres
espirituales maduros. Muchos han asistido a la iglesia toda su vida y, sin
embargo, tienen poco o ningún conocimiento de la Escritura. Vinieron a Cristo,
pero han permanecido como niños espirituales durante años. ¿Cómo lo sabemos?
Por la forma en que actúan, lo que dicen y lo que no dicen. Algunos no pueden
compartir el evangelio, y muchos de los que lo hacen solo pueden hacerlo con
las explicaciones más básicas. ¿Por qué? No leen, ni oran, ni adoran. No te
contentes con ser un niño espiritual; lucha por la madurez. Abre la Biblia y
permite que Dios te madure mediante una dieta constante de la Escritura. Tu
pensamiento y tus acciones serán transformados.