1 Corintios 3:8-9 ― Colaboradores en el campo de Dios
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
1 Corintios 3:8-9 ― 8 Ahora bien, el que planta
y el que riega son una misma cosa, pero cada uno recibirá su propia recompensa
conforme a su propia labor. 9 Porque nosotros somos
colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de
Dios.
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COMENTARIOS:
En los vv.
1-4, Pablo criticó a los cristianos de Corinto por su comportamiento
infantil. Las divisiones entre ellos, junto con sus celos y contiendas,
exponían su inmadurez espiritual. Como algunos habían llegado a conocer a
Cristo bajo Pablo, lo preferían a él. Otros preferían a Apolos, mientras que
otros preferían a Cefas (también conocido como Pedro), a quien algunos
aparentemente habían escuchado. Estas distinciones dieron como resultado una
división en la iglesia. Aunque eran cristianos, eran niños pequeños en su fe.
Sin embargo, ya había pasado suficiente tiempo desde su conversión como para
que Pablo esperara una madurez mayor de la que poseían.
Los vv. 8-9 hablan
de las dos funciones de los cristianos. Primero, está «el que planta». Usando
la analogía de una semilla que se entierra, Pablo dice que el que planta es el
que comparte el evangelio de Cristo, compartiendo sobre la salvación solo en
Jesucristo, predicando a «Cristo crucificado». Segundo, está «el que riega».
Siguiendo con la analogía de la semilla en la tierra, uno la plantó y el otro
la riega. Por supuesto, las semillas sin la nutrición del agua se secan y no
llegan a nada; las semillas necesitan tierra y agua para crecer adecuadamente.
Así, «el que riega» podría referirse a aquel que enseña, que discipula, que
equipa a los santos de Dios: un pastor en vez que un evangelista. Mientras que
el evangelista comparte la buena noticia y enseña sobre la expiación de Cristo,
el pastor riega la semilla profundizando sobre la vida y la obra de Cristo.
Enseña que aquel que pone su fe en Cristo para salvación no solo tiene sus
pecados expiados, sino que también ha sido regenerado, justificado, y
santificado. Los pastores enseñan sobre la ira de Dios, el acto sustitutivo de
Jesucristo al morir en la cruz, y la propiciación: la satisfacción de Dios por
el sacrificio perfecto de Cristo en favor de los pecadores.
No importa qué
labor emprenda el cristiano dentro o fuera de la iglesia, pues ambos son uno ya
que sus esfuerzos se complementan. Aunque los corintios estaban divididos, los
hijos de Dios son uno en el sentido de que tenemos la misma tarea general:
servir. Cuando lo hacemos fielmente, «cada uno recibirá su propia recompensa
conforme a su propia labor» (v. 8). Es el acto de servicio fiel lo que se
recompensa, no el resultado. Dios recompensa con gracia a los fieles que se
esfuerzan por hablarles a otros de Cristo y ayudarlos a crecer espiritualmente.
¡Que las personas se conviertan o no, no es importante! Es prerrogativa de Dios
dar el crecimiento; Su pueblo ha de sembrar y regar la semilla del evangelio.
Pablo profundiza
en el v. 9 y convence aún más de que no deben existir divisiones en la Iglesia
de Cristo. Todos los hijos de Dios somos «colaboradores». Le pertenecemos a Él
y solo a Él. Al llamar a los creyentes «labranza de Dios», o campo de Dios,
Pablo continúa con la analogía de la semilla y el agua. Dios da el crecimiento
en Su campo donde son plantadas las semillas, y los creyentes son ese campo.
Todo el conjunto es el edificio de Dios, y a medida que brotan más y más
semillas, la casa de Dios crece al igual que las semillas.
Alimento
para reflexionar
Notar algunas
cosas: Primero, ninguna tarea en la iglesia es superior a otra. Los que
predican no son superiores a los que cocinan para los enfermos, o a los que
trabajan en la guardería, o a los encargados de la limpieza. Segundo, somos
recompensados por ser fieles en nuestras tareas. Dios recompensa la labor de
los trabajadores, no los resultados de nuestro trabajo. ¡Ten en cuenta eso!
Puede que nuestros ministerios no lleven a nadie a Cristo, pero nuestros
esfuerzos siempre son recompensados. Finalmente, lo que Dios está haciendo no
se trata de nosotros. Se trata de Su edificio y de Su obra. Por lo tanto,
dejemos de lado nuestras absurdas diferencias y unámonos como uno solo para el
bien del Reino de Cristo. Si tienes un problema con alguien hoy, trabaja lo
mejor que puedas para resolverlo. No debería haber ninguna competencia en la
iglesia local. Todos servimos en el mismo equipo, esforzándonos con nuestros
dones para hacer lo que nuestro Entrenador del equipo desea. Nosotros somos Sus
servidores, no al revés.