Efesios 2:19-22 ― La Iglesia edificada sobre Cristo

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Efesios 2:19-22 ― 19 Así pues, ya no sois extraños ni extranjeros, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios, 20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular, 21 en quien todo el edificio, bien ajustado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, 22 en quien también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

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COMENTARIOS:

En Cristo, la «piedra angular» del fundamento, «todo el edificio, bien ajustado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor». Primero, nótese cómo «todo el edificio» implica una estructura extremadamente grande: una iglesia compuesta por innumerables multitudes de personas. Segundo, nótese que el edificio está «bien ajustado». El participio presente pasivo denota un proyecto en curso que está siendo construido por alguien, a saber, Dios. Esto señala a un grupo en continuo crecimiento de nuevos creyentes que vienen de cada era y de cada nación para componer la Iglesia de Jesucristo, siendo edificada por Dios. La redacción apunta al hecho de que actualmente está en construcción, y cuando esté completa, Cristo se unirá a ella en matrimonio (cf. Ap. 19:6-8).

La iglesia tiene como propósito ser un templo santo donde la presencia de Dios sea evidente. Esto, por supuesto, no era nada nuevo para los santos del AT, pues la presencia de Dios era evidente en Su tabernáculo (Éx. 40:34) y más tarde en el templo de Salomón (1 Re. 8:11; Ezeq. 43:4-5). Aunque Pablo habla del fundamento de la iglesia (v. 20), su creación (v. 21), y su ocupación (v. 22), no describe una estructura física; describe personas: los redimidos en Jesucristo, aquellos salvados después de los acontecimientos de Hechos 2.

«Bien ajustado» también denota una estructura con varias partes, partes que están hábilmente acopladas, no unidas al azar. Esto señala a Dios mismo como el Maestro de Obras, llamando a Su pueblo, a quienes Él escogió y predestinó antes de la fundación del mundo (Ef. 1:4-5), en su era designada de vida a confiar en Cristo para salvación. A medida que cada miembro de la iglesia de Cristo es llamado en cada era, la iglesia «va creciendo para ser un templo santo en el Señor» (v. 21). El «un nuevo hombre» (v. 15), el «un cuerpo» (v. 16), es llamado ahora «un templo santo». El término «templo» (gr. naos) es siempre una referencia al santuario dentro del templo de Jerusalén mismo donde el sumo sacerdote entraba anualmente a ofrecer sangre por los pecados (Lev. 16), no a toda el área del templo con sus atrios al abierto (gr. hieron). Por lo tanto, el templo «santo», que son los redimidos de todas las eras, es el lugar de morada de Dios, no la estructura física de algún edificio de iglesia determinado.

Puesto que la iglesia está siendo «bien ajustada» y «va creciendo», es un organismo vivo, creciendo, no muriendo. Puede crecer más en una era en comparación con otra, pero siempre está creciendo, incluso prosperando. A medida que cada nuevo creyente en Cristo es añadido a la iglesia, la estructura misma aumenta. Pedro escribió: «...también vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo» (1 Pe. 2:4-5).

En última instancia, la iglesia ha de ser «morada de Dios en el Espíritu» (v. 22). Esto concuerda con la imagen del templo, pues la gloria de Dios era evidente en el templo—una estructura que representaba Su presencia con Israel. Después de la destrucción del templo judío en el año 70 d. C., Dios fijó Su residencia en Su pueblo, aquellos habitados por Su Espíritu. De modo que la estructura física a través de la cual Dios se hace evidente está en los cristianos, a través de quienes Él vive y obra (cf. Jn. 14:17; Rom. 5:5; 8:9, 11; 1 Cor. 2:12; Gál. 3:2; 4:6; 1 Jn. 3:24; 4:13), siendo cada creyente un templo de Dios (1 Cor. 6:19). Ahora, tanto a través de creyentes judíos como de creyentes gentiles, la gloria de Dios se manifiesta.

Alimento para reflexionar

A menudo le damos mucha importancia a ser parte de algo especial—un graduado de cierta universidad, un miembro de alguna organización, etc. Pero como cristianos, ¡somos parte de la santa Iglesia de Dios! Fuimos seleccionados para membresía, llamados a unirnos, se nos prometió una posición en el cielo, y se nos concedió una herencia eterna allí. ¿Acaso no es esa una organización de la que podemos estar orgullosos de formar parte?