1 Timoteo 4:1 ― Algunos se apartarán
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
1 Timoteo 4:1 ― 1 Pero el
Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos
apostatarán de la fe…
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COMENTARIOS:
Cabe destacar que el Espíritu de Dios (es decir, la Escritura) dice que
en los “últimos tiempos” algunos “apostatarán” de la fe. La palabra griega para
“apostatarán” (gr. aphistēmi) significa literalmente “dejar de estar en pie”.
Ahora bien, ni el Apóstol Pablo ni ningún otro escritor de la Escritura
promueven jamás la falsa idea de que un cristiano puede perder su salvación
(cf. Rom. 8:31-39; Efe. 1:13-14). Sin embargo, lo que sí sabían todos
los escritores de la Escritura que abordaron este tema es que quienes profesan
ser cristianos pueden, de hecho, apartarse de su fe (cf. 1 Jn. 2:19; Heb. 6:6-8; 10:26-31).
La frase “el Espíritu dice” en 1 Timoteo 4:1 es otra forma de decir: “la
Escritura dice” (cf. 5:18). En realidad, Pablo está diciendo: “Jesús
dice”, pues Jesús mismo había advertido previamente sobre quienes se apartaban
de la fe para seguir a falsos maestros (Mt. 24:10; Mc. 13:22). Además, en Apocalipsis, es Jesús
quien habla en los capítulos 2 y 3, aunque el texto dice “el Espíritu dice” (Ap. 2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22). Ciertamente, el Espíritu y el Hijo
son distintos en sus roles, pero constituyen el mismo Dios, junto con Dios
Padre. Dado que comparten la misma naturaleza y mente, es claro que “el
Espíritu de Cristo” (Rom. 8:9) es el Espíritu Santo, y Él
verdaderamente habla.
Por supuesto, no era nada nuevo que anteriormente hombres fieles
hubieran realmente abandonado su fe. El otrora fiel rey Salomón se apartó del
Señor (1 Re. 11:9), al igual que el rey Amasías de Judá
(2 Crón. 25:2), pues ambos adoraron a Dios en un
tiempo, pero luego sucumbieron a la idolatría (cf. 25:14). Quizás el mejor ejemplo de apóstata en el NT
sea Judas Iscariote, quien siguió a Cristo, siendo testigo de Su divinidad, y
sin embargo lo traicionó. Al escribir esto, Pablo tenía en mente a Himeneo y
Alejandro, quienes recientemente habían naufragado su fe (1:18-20).
Es evidente que algunos que profesan a Cristo algún día lo rechazarán en
el futuro. Por eso Pablo introduce esta sección, pues sabía que los ascetas (v.
3) serían una vía por la cual algunos en Éfeso se apartarían. Respecto a
esto, Jesús dijo: "Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas, y ellas me
conocen a mí… Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen. Les
doy vida eterna, y nunca perecerán. Nadie puede quitármelas, porque mi Padre me
las ha dado, y él es más poderoso que todos. Nadie puede quitarlas de la mano
del Padre. El Padre y yo somos uno" (Jn.
10:4-5, 14, 27-30, NTV).
Solo aquellos a quienes el Padre trae a Cristo serán salvos, y a estos
Cristo prometió resucitar en el día final (Jn.
6:44). Por ende, Pablo le escribió previamente a los Efesios: “En [Cristo]
también vosotros, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de
vuestra salvación, y habiendo creído, fuisteis sellados en Él con el Espíritu
Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con
miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de su
gloria" (Efe. 1:13-14). Notar: “sellados” con una “garantía”
de Dios para una redención futura garantizada.
Algo para reflexionar
Desde el principio, Satanás ha buscado distorsionar la palabra de Dios y contaminar Su perfecta creación, alejando de la verdad con engaños a quienes Dios creó a Su imagen, con la finalidad de que sigan mentiras. Una de las estrategias de Satanás para alejar de la verdad con engaños a quienes asisten a la iglesia es hacerlo poco a poco, tan gradualmente que quien es atraído rara vez ve su retroceso hasta que es demasiado tarde. Por supuesto, rara vez, si es que se hace, es popular pronunciarse contra falsas enseñanzas y falsos maestros, incluso para predicadores. En nombre de la tolerancia y del amor mundano, incluso la mayoría de los que asisten a la iglesia no soportan que un predicador arremeta en contra de aquello que es falso. Sin embargo, el no hacerlo por parte de aquellos que llaman a Cristo su Señor es el verdadero pecado. Después de todo, tolerar el mal en la iglesia de Cristo es como dejar que un depredador sexual cuide a tus hijos. Es inherentemente peligroso, y ciertamente terminará en destrucción y angustia.