Juan 3:3 ― Nacido de nuevo para ver a Dios

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Juan 3:3, 5 ― … En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios… …el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.

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COMENTARIOS:

La obra del Espíritu Santo en relación con la regeneración es un aspecto clave en Juan 3, y responde a muchas de las preguntas planteadas sobre la obra del Espíritu Santo. La regeneración, o "nacer de nuevo", podría definirse como la obra solo de Dios mediante la cual Él imparte vida espiritual a Sus hijos escogidos para que respondan por fe al llamado del evangelio y sean salvos. Dios en realidad le prometió esto a Su pueblo a través del profeta del Antiguo Testamento Ezequiel: "os rociaré con agua limpia y quedaréis limpios; de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi espíritu y haré que andéis en mis estatutos, y que cumpláis cuidadosamente mis ordenanzas" (36:25-27; cf. Jer. 31:31-34). Notar que esta promesa de Dios es Su intención de impartir vida espiritual a Su pueblo.

Jesús, en Juan 3:3-10, reprendió a Nicodemo por ser maestro de la Ley en Israel y, sin embargo, no entender la verdad de la profecía de Ezequiel y lo que significaba nacer de nuevo—ser regenerado. Jesús le preguntó: "Tú eres maestro de Israel, ¿y no entiendes estas cosas?". Jesús habló de la misma "agua" que habló Ezequiel—la purificación espiritual del pecado—y del nuevo corazón que se necesitaba para renacer espiritualmente. Ambos son dados por el Espíritu Santo. Sin embargo, el Apóstol Pedro dijo que "según la gran misericordia de Dios, Él nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos" (1 Pe. 1:3; cf. Efe. 2:5; Col. 2:13; Stg. 1:17-18). Así que, por las palabras de Pedro (junto con las de Pablo y Santiago) parece que es Dios Padre quien regenera. La conclusión es que tanto el Espíritu Santo como el Padre son los dos miembros de la Trinidad implicados en la regeneración.

Ahora bien, es importante señalar que la regeneración ocurre antes de la fe salvadora, porque nadie puede responder con fe al llamado de Cristo sin haber sido ya regenerado. Jesús habla de este fenómeno en Juan 6:44 diciendo: "Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió". Por tanto, hay una secuencia en la salvación por la cual Dios Padre trae a uno hacia Cristo, y luego, tras oír las buenas nuevas predicadas sobre Cristo (1 Pe. 1:23, 25; Stg. 1:18), siempre responden con fe. Pero deben oír la palabra predicada de Dios. Aunque muchos oyen el evangelio, solo aquellos escogidos por Dios responderán con fe (Mt. 22:14). Pero deben ser regenerados—nacer de nuevo—por la obra de Dios antes de que puedan responder en fe. El Espíritu purifica y regenera, luego la fe sigue inmediatamente después, como en el caso de Cornelio en Hechos 10:44. Mientras Pedro le predicaba el evangelio a él y a su familia, "el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban el mensaje". También está el ejemplo de Lidia en Hechos 16:14: "y el Señor abrió su corazón para que recibiera lo que Pablo decía". Por tanto, es la obra de Dios la que llega al corazón de Sus hijos escogidos para invocar la respuesta de ellos, y es un evento instantáneo que ocurre solo una vez para todos los creyentes en Cristo. Así que, la regeneración ocurre antes de la fe salvadora, aunque en la mente del creyente son prácticamente simultáneos.

Algo para reflexionar

Hay quienes oyen el evangelio pero no responden en fe. Permanecen "muertos en sus delitos y pecados" (Efe. 2:1-5) y no pueden comprender el evangelio porque no disciernen espiritualmente (1 Cor. 2:14; cf. Mc. 4:14-15). Es la obra del Espíritu Santo la que da nueva vida a través de la regeneración, y permite a las personas creer en Jesucristo para salvación. Jesús dijo: "El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu" (Jn. 3:8).